Cuando aparece, tu mente quiere huir y tu cuerpo “acelera”. No necesitas pelear con la sensación: necesitas atravesarla con un plan corto y claro.
Minuto 0–1: Nómbralo. “Esto es un ataque de pánico. Es intenso, pero pasajero”. Coloca los pies en el suelo y suelta los hombros.
Minuto 1–3: Respira con exhalación más larga (4–6). Inhala por la nariz 4 segundos, exhala por la boca 6. Tu exhalación activa el freno del sistema nervioso.
Minuto 3–6: Anclaje 5–4–3–2–1. Mira 5 cosas, toca 4, escucha 3, huele 2, saborea 1. Eso saca atención de los síntomas internos y la lleva al entorno.
Minuto 6–8: Quédate. Evita “conductas de seguridad” (sentarte de golpe, llamar a alguien para que te “salve”, salir del lugar corriendo). Repite una frase de des-fusión: “Son sensaciones, no peligros”. Observa la ola subir y bajar.
Minuto 8–10: Evalúa: del 0 al 10, ¿cuánto bajó? Anota el disparador y el contexto; esa información te servirá para un plan de exposición gradual. Agua, un paseo corto y retomar lo que estabas haciendo.
Claves: no busques apagar todo en segundos; busca tolerar y atravesar. Si aparecen síntomas nuevos, persistentes o inusuales (dolor torácico con otros signos), consulta servicios de urgencia. Practicar este protocolo cuando no estás en crisis lo vuelve más automático cuando llega.